Economía

Pobreza infantil en Argentina: el límite político de las medidas de Milei

A pesar de los esfuerzos por estabilizar la economía, la pobreza infantil sigue creciendo y pone en evidencia los límites de las políticas del gobierno de Javier Milei.

Publicado el

La pobreza infantil alcanzó 53,6% en 2025 y obliga a repensar políticas sociales

La pobreza infantil en Argentina se ha convertido en uno de los indicadores más duros que enfrenta el gobierno de Javier Milei. Según datos recientes, el porcentaje de niños y adolescentes que viven bajo la línea de pobreza supera el 60% en varias provincias, lo que representa un desafío estructural que las medidas de ajuste fiscal no han logrado revertir.

El 19 de agosto de 2026 se publicó un análisis que pone en el centro esta realidad: cuando los recursos no alcanzan ni para cubrir las necesidades básicas de los más chicos, el discurso de “no hay plata” choca contra el límite de lo políticamente sostenible. La eliminación de programas sociales específicos y la licuación de ingresos por inflación acumulada dejaron a miles de familias sin red de contención.

Desde el inicio de la gestión en diciembre de 2023, el Ejecutivo priorizó el superávit fiscal y la reducción del gasto público. Si bien se logró estabilizar ciertos indicadores macroeconómicos, el impacto en los sectores más vulnerables fue inmediato. Las partidas destinadas a la primera infancia y a comedores escolares se contrajeron en términos reales, mientras que el aumento del costo de vida superó ampliamente los ajustes en las asignaciones familiares.

Especialistas en políticas sociales coinciden en que la pobreza infantil no se resuelve solo con inflación baja. Requiere inversión sostenida en nutrición, educación inicial y acceso a la salud. Sin embargo, el actual enfoque del gobierno sostiene que el crecimiento económico futuro terminará derramando beneficios hacia abajo. Hasta ahora, esa promesa no se materializa para los más chicos.

En barrios del conurbano y del interior del país, las escenas se repiten: familias que eligen entre comprar alimentos o pagar servicios, niños que asisten a clases con el estómago vacío y una generación que acumula déficit nutricional y educativo. Estos daños son difíciles de revertir incluso cuando la economía repunte.

El gobierno argumenta que la herencia recibida era insostenible y que sin el ajuste actual el escenario sería aún peor. No obstante, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales alertan sobre el costo humano a largo plazo. Según UNICEF, cada punto de pobreza infantil adicional implica mayores probabilidades de deserción escolar, problemas de salud crónicos y menor inserción laboral futura.

El límite político aparece cuando las estadísticas dejan de ser números y se transforman en historias concretas de chicos que no tienen acceso a una alimentación adecuada ni a un entorno protector. En ese punto, la tolerancia social al ajuste se reduce drásticamente.

Desde HostIN observamos que, más allá de la discusión ideológica, la infraestructura social del país —escuelas, centros de salud, programas de contención— requiere mantenimiento y financiamiento previsible. Sin esa base, ningún plan de estabilización macroeconómica logra ser verdaderamente inclusivo.

El desafío para los próximos meses es encontrar mecanismos que permitan sostener la disciplina fiscal sin profundizar el daño en la primera infancia. Porque, como señala el informe que motivó esta nota, cuando no alcanza ni para estrenarse, la pobreza infantil deja de ser un dato y pasa a ser un límite político concreto.

← Volver al blog